El viernes pasado La Apoteosis Necia, el monólogo que practicamos con ahínco desde hace dos años y pico en el Teatreneu de Barcelona se representó, por primera vez, en la sala grande de dicho teatro. Una muy buena noticia, por supuesto. Significa que viene más gente a vernos, que las cosas van bien, y que todos estamos muy contentos. Y así veía yo el tema antes de empezar el monólogo, entre nervios, prisas y todo lo que implica un desvirgamiento de sala:

teatreneu

Aquí vosotros aún no habíais llegado. Bien, ahora quiero hablaros de algo que ocurrió aproximadamente cuatro horas antes de que empezara la función.

Se desarrollaba el tradicional ágape navideño ofrecido por nuestro querido manager y (contra todo pronóstico) amigo Manel. Como ya es tradición, el lugar escogido fue un restaurante chino y allí nos congregamos unos cuantos despojos humanos, cuando alguien (el Lagarto, nuestro guitarrista, no podía ser de otro modo) se percató de un extraño pez en la pecera junto a la mesa.

pez

No, no, no. No estaba muerto. Simplemente estaba al revés. Su comportamiento era normal, salvo ese «detalle». Comenzaron las especulaciones sobre el estado del pez, estimuladas convenientemente por el vino y las cervezas. «Está esperando que le acaricien la barriga» fue, para mi gusto, la mejor (obra del Lagarto, no podía ser de otro modo). Evidentemente, en cuanto tuvimos ocasión le preguntamos al propietario del local acerca de la extraña situación del animal, y nos respondió lo siguiente:

«Ese pez siempre está así. Otro pez le mordió una aleta en una pelea y desde entonces tiene el sentido del equilibrio jodido y siempre está así»

Ya sabéis qué cuentan de los peces: que su memoria no llega a los tres segundos. Si esto es cierto, implica que para ese pez el mundo, desde que él lo recuerda, es exactamente inverso al de los otros compañeros peces.

Cuatro horas más tarde, cruzábamos el Teatreneu en sentido ascendente, de la sala pequeña inferior a la sala grande superior. Pero no puedo quitarme de la cabeza el hecho de que, para ese pez, vamos para abajo.

Gracias a todos los asistentes.