El debate que no cesa en mi interior. Una mañana quiero eliminarlos. La mañana siguiente no.

Como ustedes/vosotras sabrán/sabréis, este blog admite comentarios. Lo sé, los blogs acostumbran a llevar comentarios. Éste los admite. Bien. Ole ole. Iba a colgar gilipolleces por un tubo y compartirlas con una masa de cerebros perjudicados por internet a la que atraería, parafraseando al maravilloso Zapp Brannigan de Futurama:

– …como moscas a un plato de suculenta…mierda

No reparé, cuán ingenuo fui, sabiéndome poseedor de un físico diseñado para el amor, que atraería también comentarios de tipo “hormonal” e incluso “hormonal con tintes psicopáticos”. Aterradores “TE QUIERO” colgados diariamente con kantiana precisión, apelaciones rudas y directas a la fornicación, disquisiciones sobre mi estado civil (estoy soltero, me ha dicho mi novia que lo diga), y un largo y sobrecogedor etcétera. Hubo un día en que los comentarios llegaron a 120 creo, porque se convirtió en una suerte de foro adolescente con preguntas del tipo “eh, ¿dónde estás?, que hace rato que no escribes“, y respuestas del tipo “hola, chicas, ya estoy aquí. Estaba cenando“.

– Que conste que yo a la adolescencia, en especial la femenina, la respeto mucho. Casi tanto como la temo: un cuerpo joven y fuerte dominado por esas potentes drogas que son las hormonas es como el Increíble Hulk hasta arriba de pirulas: te puede hacer gracia pero te puede matar.

Recuerdo que ese día respondí a través de un comentario alentando a trasladar ese tipo de charlas en un foro, más que nada por respeto a quienes pretenden encontrar aquí comentarios de un blog (cosa a lo que no le falta lógica, dicho sea de paso). Ahora ya respondo aquí porque un día alguien escribió en el blog como “Berto” y perdí así yo toda credibilidad. Pues fue entonces cuando se creó el foro que ustedes/vosotras pueden/podéis ver linkado aquí a su/tu derecha.

Mi primera reacción fue, como decía, eliminar los comentarios. Pero no creo mucho en lo de muerto el perro se acabó la rabia porque vi la película Estallido, de Wolfgang Petersen. Y mis compañeros de El Cansancio, que me ayudan a que esto funcione, me convencieron de que no lo hiciera. Y, qué diablos, mola leer los comentarios. A veces ofrecen links interesantes, a veces retoman la reflexión. Aprovecho para mandar un saludo a Pitufo, que me hace reir, y a todos los que linkais cosas guapas, a veces me habéis echado una mano con la Bertovisión. Ahora hay que leerlos en diagonal para separar el grano de las pajas. Qué se le va a hacer.

Creo que en internet escriben mayoritariamente dos tipos de personas:

– los que te aman lo suficiente para escribirte

– los que te odian lo suficiente para escribirte

La verdad está ahí en medio. De momento, el debate está en que sigue abierta la sección de comentarios de este blog.

P.D.: Por cierto, que mientras escribía esto he visto en la tele un fragmento de la pelicula “I want you“, de Michael Winterbottom y sale una escena de Rachel Weisz echando un polvo salvaje y laaargo que me he quedado muerto.

Rachel Weisz

¡Ole, Rachel, dondequiera que estés!

Desde hace unos meses, el barrio de Gracia de Barcelona ha sido bendecido con un nuevo supermercado Caprabo de grandes dimensiones, al que acudo regularmente, entre otras cosas porque venden latas de Guinness. El nuevo super tiene dos plantas, y en la superior me encontré con este enigmático mensaje en el ascensor:

EL ASCENSOR 1

Bajada planta superior“. Hallándome como me hallaba en la planta superior, mi cerebro se cortocircuitó por un instante. ¿Cómo podría bajar a la planta superior, si estoy en ella? ¿No debería ser “Bajada planta inferior“? ¿O quizá simplemente “Bajada“? No obstante, en caso de usarse el ascensor para subir…quizá…no sé… Justo en ese momento perdí el conocimiento y caí redondo al suelo, haciendo estallar por accidente un tetra brick de leche. Mi cuerpo restó inerte sobre un charco blanco que se extendía en todas direcciones. Cuando volví del trance lo tuve claro, me había vuelto un imbécil.

Pero dejando aparte los laberínticos vericuetos que me guían en el particular sendero de mi auto conocimiento personal, he visto claro que, en general, la solución más sencilla acostumbra a ser la más deseable. Yo habría puesto simplemente “Ascensor“. En cualquier caso, siguen teniendo Guinness.

Por otra parte (me encanta decir esto), la experiencia me ha hecho recordar esta película:

EL ASCENSOR 2

El Ascensor“, del director holandés Dick Maas, una entrañable pieza de terror del año 1985 que disfruté en mi más tierna adolescencia. La película (que muy bien no ha envejecido, para qué engañarnos), combinaba un delicioso costumbrismo rollo “Cuéntame qué pasó en Holanda durante los 80” con una curiosa trama de terror basada en un ascensor dotado de inteligencia homicida que se cargaba a la gente. El subtitulo que acompañaba al título era:

¡Por amor de Dios, sube por las escaleras!

Indefectiblemente, cada vez que leía este subtítulo no podía evitar pensar. “De acuerdo. Ya está“. Se acabó la película.

– Personaje 1: (histéricamente) El ascensor es un homicida. ¡No lo uses, por Dios! ¡Usa las escaleras!
– Personaje 2: (muy relajado) Ah, vale. Gracias. Hasta mañana.

Un poco a lo Candyman, el asesino de ultratumba al que había que convocar de forma insistente para que viniera del otro mundo a matarte.

– Personaje 1: (acojonantemente) Debes colocarte frente al espejo y repetir Candyman tres veces seguidas. Entonces él vendrá y te matará.
– Personaje 2: (muy relajado) Uy, no creo que me salga eso espontáneamente, ¿eh? Y tampoco me lo voy a currar yo para que me acuchillen.