El viernes pasado fue Sant Jaume en mi pueblo, Cardona. Fue Sant Jaume en el resto de Catalunya y San Jaime en el resto de España. Felicidades a Jaumes, Jaimes y Santiagos. A lo que voy es que como cada año volvió a celebrarse en la pequeña placeta de Sant Jaume de Cardona una tradición conocida como “l’ou com balla” (el huevo que baila), mi favorita desde que era bien chico. Durante todo el día (todo el fin de semana este año, que caía en viernes) se instala una fuente de chorrito sobre la que baila continuamente un huevo vaciado. Grabé en video un momento de la fiesta:
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Durante un instante puede verse la instalación al completo, con el santo al fondo en su altar y en medio una especie de cajón ¿lo habéis visto? Se me acabó la batería de la cámara pero en él se esconde una jaula de pájaro con su correspondiente pajarito flanqueada a ambos lados por dos peceras. Así, al verse la jaula desde el lado, se ve al pájaro rodeado de peces, creando la ilusión de que está bajo el agua. Este despliegue de ilusionismo católico no tiene otro fin que entretener a los niños, a los que también se obsequia con coca y chocolate. Recuerdo que cuando era un niño me quedaba horas atónito viendo el espectáculo. Y volvió a pasarme otra vez con 33 años. En este caso, el flipe no lo produjeron los trucos, sino lo surrealista de la propuesta, que me parecía típica de un genio, o un loco, o ambas cosas a la vez.

Investigando en los orígenes de la fiesta, pude averiguar que la tradición (ignoro si originaria o importada) data del año 1925, en que se instalaron las primera fuentes en mi pueblo, y fue introducida en Cardona por Mossèn Ramon Clotet i Cuadrench. Además solía instalar una botella o bota que, misteriosamente, nunca acababa de llenarse. Hoy en día, una comisión de vecinos de la plaza mantiene el rito vivo. Cuando acaba la fiesta, al final del día, se recoge todo el montaje, el santo regresa a la hornacina de la plaza en que vive el resto del año, y aquí no ha pasado nada.

Y me fui a casa reconfortado con el recuerdo de mi antepasado vecino y agradecido a todos los que, aunque sea un día al año, hacen algo curioso; ya sean éstos curas, santos, payasos, locos, o nada de lo anterior.