El mono volador llegó un día a la redacción de BFN. Nadie recuerda bien cómo ni por qué, pero su llegada se atribuye a la oleada de monos de peluche que acompañaron mis primeros meses en el programa. Sea como fuere, el mono volador caló hondo en nuestros corazones. Provisto de unos brazos de goma, sus manos, acabadas en una especie de cazoletas, se colocaban en los dedos de una mano mientras con la otra se le estiraba por las piernas. Salía volando con toda la mala leche posible en dirección al compañero de redacción al que quisieras sorprender. Muchas fueron las risas, las sorpresas, y alguna que otra semi-lesión. Mono volador se hizo un hueco en nuestros corazones. Pasó el tiempo, y tanta fue la caña que se le dio al mono volador que pasó lo que tenía que pasar:

MONO VOLADOR 1

Una de sus piernas se desprendió. Todos creíamos que lo que primero fallaría sería una goma del brazo, pero mira tú, fue una pierna. Un buen samaritano cogió la extremidad amputada y la pegó con celo en la pared, improvisando un pequeño “santuario-altar”, con la siguiente “placa-folio”:

MONO VOLADOR 2

A día de hoy este ”santuario-altar” ya no existe, porque sólo era un puto mono de peluche, porque el servicio de limpieza de la redacción no se dejó conmover, y también porque nuevas mierdas han venido a llenar nuestros corazones, pero justo era recordar la extremidad perdida del mono volador, quien por cierto, aún sigue en activo y con más fiereza que nunca pese a su minusvalía.

Lo noto. La Navidad está llegando. Ya me parece oír a mi madre trajinando en la cocina. Ya siento algo de náuseas por unos empachos que aún están por llegar. Mi cuerpo vaticina el ritual. Pronto una palabra que apenas ronda mi mente durante el año comenzará a parpadear en mi cerebro con luces de neón: Eno