Público – Persona, animal o cosa (13/09/09)

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En el año setentaytantos, un vendedor ambulante de enciclopedias vendió a mi padre “Acta 2000”, de la que se decía era la máxima expresión del saber enciclopédico humano hasta la fecha y por los siglos venideros. Se la reverenciaba tanto en aquel hogar que, incluso años más tarde, la llegada al domicilio de una VOX de tomos de menos de un palmo fue recibida por mis progenitores con soberano desprecio y lánguidas miradas por encima del hombro. Cuando alguien en aquella casa quería conocer un dato, aquel oráculo de Delfos debía ofrecer la respuesta, y ésta ERA la correcta. Si no la facilitaba, la pregunta pasaba al archivo de “no importantes” o, mejor aún, “misteriosos” y sólo cabía una excursión a la biblioteca municipal, donde existían códices más arcanos, ignotos e inaccesibles, para contrastar el dato. Yo me lo creía.

El hombre que imita una guitarra eléctrica con la boca: