Un fardelejo de Arnedo, La Rioja. Cuentan que su nombre se lo puso un turista inglés que, harto de comer cientos de ellos, agasajado por una novia que se había echado en el pueblo, cuando los veía gritaba: “far, far”!! Un vecino del pueblo preguntó ¿de dónde sale eso de far? Y otro que sabía idiomas le respondió:  “far, de lejos”. Así se quedó fijado el nombre de dichos postres riojanos.

(Esta historia podría no ser cierta y habérsele ocurrido a algún amigo mío, por ejemplo Miquel)