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Yo me consideraba a mí mismo una persona altamente creativa hasta el día en que conocí a Andreu Buenafuente. La dinamo humana, el generador de carne. Por comparación, a su lado me di cuenta de que era más bien una especie de ameba. Y no te lo pierdas, él se define a sí mismo como un vago. Es de suponer que el Creador le dio esa característica para evitar que estallara.

Por mi parte, poseo  una virtud, mi capacidad de adaptarme al cambio. De modo que desde el primer día subí a la grupa de tan poderoso corcel, o mejor dicho, me agarré a su rabo (de cola, se entiende) y desde entonces vivo instalado  en el torbellino de su creatividad desbocada. Ping-Pang es una más de sus incontables descargas de semen mental, dejada caer como él hace, un día de tantos, como por casualidad, mientras me afeitaba en el lavabo del plató. Como es costumbre, sus ideas vienen precedidas de un next-coming, como los contenidos que avanza en su programa: “te tengo que contar una idea que he tenido”. Desaparece un momento y vuelve con la metralleta en la boca. Dispara. Llega un punto en que me entra la risa. “Te tengo que contar una idea que he tenido”, “nooooo”.  “Se trata de una conversación privada entre los dos, a disposición de quien la quiera leer, en internet, al estilo de las cartas cruzadas. Buena idea. La transmite. Se aprueba. Se prepara. Y aquí está.

Tengo una buena sensación sobre esto. Estoy seguro de que, a medida que avance, perderá la impostura y el pudor con que, por lo menos por mi parte aún lo afronto, y  se cargará de sinceridad y verdad, la nuestra, la única que sabemos ofrecer. Ha empezado esta semana.

Si os apuntáis, seguid el link:

PING-PANG