Llego al teatro a 5 minutos de que empiece mi propio monólogo. En la entrada no me conocen y no me dejan pasar. Intento llamar a mi manager pero no tengo batería en el móvil. Pago una entrada. Una cadena y un candado me impiden el paso a la zona de camerinos. Arranco un extintor de la pared y rompo el candado. Echo a correr hacia el camerino mientras oigo los gritos del equipo de seguridad que me persigue. Encuentro a mi manager, que me informa de que no ha venido casi nadie a la función, la gente justa para no poder suspender. Me cambio a toda prisa, pero he olvidado mis pantalones. Me dejan un bañador bombacho blanco a topos azules, que combinado con la camisa y los zapatos me da el aspecto de una especie de bailarina. Salgo a escena. Los focos son demasiado potentes y no veo. Están haciendo obras en el escenario y hay unos andamios puestos sobre mí. El techo es demasiado bajo. Tengo que actuar encorvado.

Suena el despertador. Es 6 de septiembre. Hoy empieza la nueva temporada de «Buenafuente».