Tengo que reconocer que estoy un poco contento (o lo estaba ayer *), porque es la primera vez que me ponen escayola (nunca me he roto nada) y me sentía un poco como los niños pequeños que fardan de haberse hecho daño. Una mañana curiosa ayer, muy de médicos. Mientras me atendían a mí en el Hospital de l’Esperança de Gràcia, mi madre era operada en el Centre Hospitalari de Manresa para ponerle una prótesis en la rodilla. Su operación ha ido muy bien, gracias. Y lo mío también, mejor, porque ya de entrada no era nada grave, y nos echamos unas risas con los médicos cuando les explicaba cómo me lo había hecho. “Accidente laboral, doctor. Iba vestido de payaso y me resbale del patinete”.

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Agradezco desde aquí su buen trabajo. Es en momentos como éste cuando uno toma consciencia de la enorme suerte que supone disponer de una Sanidad Pública como la nuestra, que aunque no sea perfecta funciona, y la mayoría de veces lo hace bien. Recuerdo un viaje a Nueva York en que me resfrié una cosa bárbara y sentí terror a ponerme enfermo porque sabía que una visita al médico me costaría una fortuna. Recuerdo ir a comprarme medicinas a mi bola y automedicándome furtivamente sintiéndome desamparado y perdido. Un horror.

(*) Hoy ya empiezo a estar un poco hasta los huevos, para que te voy a engañar. Y tengo que llevarla 10 días.

Estaba cenando en un restaurante con un amigo que también trabaja en televisión cuando el camarero nos hizo llegar una nota misteriosa:

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Naturalmente, pedimos al camarero que devolviera la nota con nuestra respuesta en el reverso:

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