Hoy muchas voces enfurecidas pedían en twitter la cabeza de mi jefe, compañero y amigo Andreu Buenafuente por no haber sido, a su juicio, lo suficientemente duro con la ministra Ángeles González-Sinde en su entrevista de ayer en el programa de televisión en que trabajo. Muchos me pedían mi opinión, cuando no me reprendían también a mí por el tono amable con que se la trató, por no haberla acorralado y pedido explicaciones por su controvertida ley Sinde. Algunos comentarios, llevados ya por la pasión, se afanaban en buscar tratos de favor y amiguismos para con el Gobierno, el ministerio de cultura, el PSOE y todos los poderes fácticos imaginables por el trato “blando” a la ministra, hablando de una entrevista pactada y, en definitiva, de una operación encubierta de lavado de imagen de la ministra. Como viene siendo habitual, el ruido de twitter no deja lugar a la reflexión.

Lejos de cualquier teoría conspiranoica más o menos atractiva, me consta que lo único que ha pasado aquí es que el programa, y su presentador, Andreu Buenafuente, han permitido a la señora González-Sinde (probablemente una de las personas más odiadas del país, by the way, honor que ostenta ex-aequo con la SGAE) expresarse libremente y exponer sus ideas, sin tensiones ni crispaciones. Cualquiera que siga habitualmente el programa sabrá que este es el trato que Andreu da a todos y cada uno de los invitados que se sientan en el sofá. Siempre es educado y amable con ellos. ¿Cuándo ha visto alguien una entrevista en Buenafuente con un presentador agresivo? Te podrá gustar más o menos, pero ese rasgo no está ni ha estado nunca en el adn de nuestro programa. Cada noche se habla de todo y de todos sin importar color o tendencia, aunque algunos comentarios o chistes se subrayen más que otros por nuestros críticos, según les convenga.

Volviendo a la polémica por las descargas, recuerdo que en el mismo sentido aunque en dirección opuesta en sus argumentos, lo mismo ocurrió cuando el programa invitó a David Bravo, excelente abogado especializado en derecho de autor y gran divulgador de las opiniones de estos mismos internautas que hoy se rasgan las vestiduras. En esa ocasión, ejerciendo de sustituto de Andreu en el programa, fui yo mismo quien le entrevistó, y también él pudo decir todo cuanto quiso y como quiso, en un ambiente agradable y sosegado, como corresponde a las entrevistas en Buenafuente. En esa ocasión nadie habló del programa en las redes sociales como un elemento subversivo llamado a socavar las intenciones del Gobierno, y afortunadamente yo no fui linchado en las mismas.

Tanto en una ocasión como en la otra, se sentaron en el sofá personas de relevancia e interés social a hablar de lo suyo. Cualquier lectura más allá de esta es intencionada y malévola.  Creo que más interesante que analizar las preguntas de Andreu es prestar atención a las respuestas de los invitados. Ayer se dio ocasión a la ministra González-Sinde a dar su opinión y se le permitió explicarse. Si lo hizo o no, cómo lo hizo y qué imagen de sí misma y su ministerio transmitió, es el quid de la cuestión.

Los invitados se retratan. Los presentadores ya sabe la gente cómo somos.