Esta mañana, en un hospital, he escuchado la siguiente conversación entre un paciente y una enfermera:

Paciente: ¿Usted sabe qué debo hacer para donar los órganos o mi cuerpo a la ciencia?

Enfermera: A ver, debe hacer o una cosa o la otra. Las dos a la vez no se puede. Para dar los órganos sólo necesita que sus familiares estén avisados; para donar su cuerpo a la ciencia debe dirigirse a una dirección que ahora le facilitaré.

¡Claro, tiene lógica! La ciencia necesita cuerpos enteros para experimentar, no acepta retales. Si ya te han sacado los órganos, no pretendas que la ciencia se interese por tu carcasa semi-vacía. No, como mucho puedes dar los órganos y después formar parte de un caldo.

Hace unos días, unos seguidores del programa que habían venido de público nos obsequiaron con sendas reproducciones de Andreu Buenafuente y yo mismo hechas con naranjas. Mi naranja tenía una especie de protuberancia parecida que usaron de nariz. Llevaban sus gafas, pelo pegado. Un auténtico primor.

Pocos días después, y permaneciendo aún la naranja que representaba a Andreu en perfecto estado, comprobé con horror como la mía se estaba pudriendo.

Sin querer extraer conclusión alguna del fenómeno, me vi obligado a tirar mi representación a la basura.