Público – Persona, animal o cosa (24/09/11)

Siempre me ha parecido que la industria tabacalera es un ejemplo abrumador de ingenio, tenacidad, creatividad y sangre fría. Ella sola constituye la más potente metáfora de la sociedad de consumo: vende humo. Literalmente. Es el sector industrial cuyas ventas tienen más mérito.

El sector del tabaco posee el magnético atractivo de los villanos de las películas.  Esos que beben coñac y acarician un gato persa en el regazo en su guarida horadada dentro de un volcán. Consiguieron colocar en cada boca un producto directamente venenoso. Y lo connotaron con una mítica y un glamour de tales dimensiones que aún hoy consigue que miles de fumadores sigan sacando el cigarrillo de la cajetilla volteándola para no ver la foto de unos pulmones putrefactos o un tumor de lengua invadiendo mentón y cuello.

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