Mi amigo Olivier me manda una foto del pasado, de un pasado ridículo. Aquí está:

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Soy más jóven y llevo una perilla de esas tipo mosca que aún me hacían parecer más estúpido, como un mago atontado. Esta foto se tomó después del “incidente del estornudo”, que os paso a relatar.

Yo trabajaba por aquel entonces en una oficina, frente a un ordenador, que en aquellos años era de pantalla gorda, de culo, un buen mazacote de plástico duro. A primera hora de la tarde me asaltó un estornudo tipo Defcon 2. Atchís. Y el movimiento espasmódico atrás-adelante me lanzó hacia el canto del monitor del ordenador. Brecha en la frente, sangre por doquier y visita rápida al médico de la mútua del trabajo. Un punto de sutura.

Mis compañeros de oficina por aquel entonces no dieron crédito a lo que acababan de presenciar: la epopeya de un hombre tan imbécil que era capaz de abrirse la cabeza él solito con un simple acto fisiológico normal y corriente. Al cabo de unos días me regalaron esta foto enmarcada con la inscripción “you made it happen” (tú lo hiciste posible).

Algo para rercordar. Entre aquellas personas estaba la que sería mi futura mujer. Ella quiso mantener una relación conmigo aún habiéndo visto aquello esa tarde. Ahí supe que era una persona excepcional, muy generosa, y con un muy peculiar gusto para los hombres.