De camino a Belgrado (¿recuerdan? Belgrado, Eurovisión, puesto 16, sí, hombre….) nuestro vuelo hizo escala en el aeropuerto de Munich. Munich, Alemania, donde las bambas. Bien, cual no fue mi sorpresa cuando descubrí que, repartidas por el aeropuerto habían unas zonas donde se podía tomar café e infusiones….GRATIS

ALEMANES Y ESPAÑOLES

Y también podías coger diarios, GRATIS. Un español siente como algo primario y negro se revuelve en sus tripas cuando ve algo así. GRATIS. Pero ¿cómo puede ser? Pues porque son alemanes. Punto. Hasta aquí una demostración de cómo son y cómo viven nuestros colegas europeos. Y a continuación otra demostración de cómo somos nosotros. Visto esto, y superado el impacto inicial, alguien de nuestro grupo exclamo: “bueno, pero seguro que el café que dan es una mierda“.

Señoría, no tengo más preguntas.

P.D.: Aprovecho, a modo de post-data, para contaros un chiste sobre este tema que me gusta mucho.
“El infierno alemán y el infierno español”
Se mueren dos tíos y al llegar al infierno el demonio de la entrada les dice: “pueden escoger ustedes entre los dos tipos de infierno que tenemos: el alemán o el español”. “¿En qué se diferencian?”, pregunta uno de ellos”. “Pues verá – responde el demonio -, en el infierno alemán, cada día, a las seis de la mañana en punto, llega un operario con una carretilla llena de mierda y una pala. Y usted se debe comer una paletada de mierda”. “¿Y en el español?”, preguntan los recién muertos. “Pues en el español, cada día, a las seis de la mañana en punto, llega un operario con una carretilla llena de mierda y una pala. Y usted se debe comer dos paletadas de mierda. ¿Qué eligen?”. Uno de ellos escoge el infierno alemán, claramente, mejor una paletada que dos. El otro se siente patriota y se va al infierno español, a ver qué pasa.
Pasa el tiempo y se vuelven a ver un mes después….
“¿Hombre, cómo te va por el infierno alemán?”, dice el que se había quedado en nuestro infierno. “Pues un horror, macho – contesta -. Cada día, a las seis de la mañana en punto, viene el operario. Como un reloj, llena la pala hasta los bordes y se queda vigilando hasta que me la acabo toda. Un drama. ¿Y tú? Tú debes estar fatal, al ser dos paletadas en tu caso….”. “Pues mira – dice el otro -, estoy de puta madre. Primero que venga el operario, que la mayoría de días falla, y luego, el día que llega, cuando no se ha dejado la carretilla, no hay pala, y cuando hay pala, no hay mierda”.