Acabamos de estrenar programa en Antena 3. «Buenas noches y Buenafuente» se llama. Ha sido un parto, y como todos los partos, ha venido envuelto en esfuerzo, sufrimiento y muchas alegrías. Al día siguiente, como no puede ser de otra manera, uno recibe el feedback de la audiencia y la crítica, y como es normal en una persona cabal, analiza toda esta información, la entiende, la integra, está de acuerdo con ella o no, y sigue su camino, intentando ser un poco más sabio. No soy muy dado a entrar en debates sobre mi propio trabajo, puedo asegurar que soy el más severo juez de mí mismo. Las opiniones, y ojalá sea así por mucho tiempo en este mundo cada vez más controlado, son libres y me encanta que así sea.

Sin embargo, he leído algo sobre lo que sí quiero opinar. Algunos usuarios de twitter se han quejado de que nuestro programa se dedicó a copiar chistes de cuentas de esta red social para su uso en nuestro show, sin citar su autoría. De entrada, me parece que no es este asunto demasiado importante, y mi primera reacción era no darle pábulo a las acusaciones de plagio. Pero me lleva a una reflexión que me gustaría compartir con vosotros.

Soy guionista, y conozco a mis compañeros, con los que trabajo codo con codo desde hace años. No se dedican a buscar chistes en internet. Los escriben. Durante toda la jornada laboral, y a veces también echando mano de su tiempo libre. Son buenos en un trabajo francamente difícil. No les gusta copiar sin citar, precisamente porque son profesionales de este trabajo, y son celosos de sus propias ideas. Son extremadamente cuidadosos con el plagio, no le hacen a los demás lo que no quieren que le hagan a ellos. Si decidimos acabar usando material de otro citamos la fuente o la parodiamos de forma que quede clara su procedencia. Los chistes son nuestros. Los buenos y los malos.

Ocurre algo que parece que la gente olvida con facilidad: se pueden escribir los mismos chistes. En realidad no hay tantos. Cuando se trabaja sobre la actualidad, y sobre temas muy populares, como es nuestra intención, no es raro que se llegué a hacer el mismo chiste que otros han pensado ya. Esto ha ocurrido así siempre, la única diferencia es que ahora hay cientos de miles de personas que dejan constancia de sus ocurrencias a tiempo real en la red.

Y nos encontramos también luchando contra el ego de algunos twitteros, todo hay que decirlo, que creen que son mejores escribiendo humor que los profesionales. Tanto es así, que a éstos no les queda otro remedio que seguirles para robarles el preciado fruto de sus chispeantes mentes.

Si éste es tu caso, querido lector, y quieres dedicarte al humor profesional, te aconsejo que te pongas en contacto inmediatamente con El Terrat. Estoy seguro que, apabullados por tu talento, te ofrecerán trabajo enseguida. Y quizá pronto seamos compañeros en la redacción. Donde escribiremos nuestros propios chistes, esta vez ya con fines profesionales.

He escrito esto aquí sin voluntad de entrar en polémica alguna, no pienso volver a hablar de este tema. Pero necesitaba hacerlo en descargo de mis compañeros guionistas y en defensa de su honor profesional. Este es un tema que, vuelvo a repetir, no me parece demasiado importante, pero no quiero que en este particular nadie pueda llegar a decirme nunca «el que calla, otorga».

Berto Romero