Fecha estelar: Diciembre 2009. Este pasado mes de noviembre me he prodigado, cosa rara en mí, en mis salidas al exterior de mi domicilio. En una búsqueda de risa en otros lugares y otras perspectivas. Acuciado por la necesidad, para cargar mis pilas, abrir horizontes y sobretodo para sobrellevar algunos momentos difíciles de esos que todos, seamos humoristas o no, tenemos que atravesar en un momento u otro de nuestra vida. Como no podía ser de otra manera, comencé visitando a mis admirados amigos Pinker Tones, que demostraron una vez más su enorme profesionalidad y talento el viernes 20 de noviembre en Can Massallera, en Sant Boi de Llobregat. Valga la ocasión para recordar aquí una vez más uno de sus éxitos:

Al día siguiente, Dani Rovira, en el Teatreneu. No le conocía, enorme sobre un escenario. Fue un placer conocerle y disfrutarle. Le seguiré la pista.

dani-rovira

Non stop. Domingo tarde, Tricicle y su Garrick. Es muy emocionante ver a los tres cómicos legendarios a pleno rendimiento, infalibles como un mecanismo de relojería suizo. Y os aseguro que la parte final, en que repasan los mejores gags de su carrera te golpea en lo más hondo, y te conmueve como sólo pueden hacerlo los grandes. Los que siempre han estado ahí, referentes.

tricicle

Y éste pasado sábado día 28 fui a ver a Miguel Noguera, un tipo tan inclasificable como magnético, en uno de sus Ultrashows, esa especie de deconstrucción conceptual del monólogo humorístico que hace él. Me podéis ver en la foto, en primer plano. Sí, esa es mi coronilla. Por ahí es por donde empezaré a flaquear pilosamente. Como diría Noguera, ese es mi hurón. Muy loco y muy jodido:

ultrashow

Para culminar en un domingo en que me tocó a mí, con el segundo pre-estreno de «El consuelo del Labriego» de El Cansancio en el Teatreneu de Barcelona, con Miquel Company e Iván Rodríguez «el Lagarto».

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Fueron dos funciones en una misma tarde, hermanas y distintas, noche y día, la primera llena de tensión, nervios e inseguridad. La segunda, con más aplomo, comenzando a guiar con paso más firme las riendas de un nuevo texto que aún se muestra balbuceante y errático, pero que apunta maneras, y al que hay que cuidar, modelar y esculpir, como en su día hicimos con «La Apoteosis Necia». En un proceso visto y compartido que sólo se puede hacer con la colaboración del público, que dicta con sus risas y sus silencios la dirección a seguir. Gracias a todos por acompañarnos. Seguiremos pre-estrenando hasta que esté listo. Lo prometo.

Y ahí seguimos todos, buscándole la gracia a un mundo que a veces no se deja, pero que, sin duda, acabará cediendo a la sonrisa. Como siempre ha hecho, y como siempre hará.