Nazca no es sólo una forma educadísima de invitar a un feto a recorrer el último tramo de madre que le separa de la vida autónoma. Nazca es la catedral del misterio. Y un contrapunto muy adecuado a mi anterior parada, Helsinki.

Viajé en un avión supersónico de Helsinki a Perú en un tiempo récord. Por decirlo de otro modo: de la casi congelación al achicharramiento en un imprudentemente breve lapso de tiempo. Tan repentino fue el paso del frío glacial al calor extremo que uno de mis testículos se sublimó al pasar del estado sólido al gaseoso sin detenerse en el líquido. No me preocupé, ya que un testículo es más que suficiente para vivir la aventura.

La lista de exploradores y descubridores que han pasado a la historia poseyendo tan sólo un testículo es muy larga. Hernán Cortés, por ejemplo, de quien se cuenta que si bien sólo disponía de un huevo, éste era tan grande como su cabeza. Francisco Pizarro, de quien se decía que tenía un único y rarísimo teste con la forma, consistencia y aspecto de dos de ellos. O el mismo Álvar Núñez Cabeza de Vaca, de quien la historia no señaló su mono-huevez ya que bastante pena tenía con la aberrante deformidad que daba motivo a su apodo.

Bueno, estaría horas hablando de mis cojones, que es lo que hacen casi todos los bloggers del mundo, pero es momento de dar paso al documento. Nazca, el desierto del misterio, donde extraordinarias pistas y dibujos han sido trazados para poder ser vistos únicamente desde el aire. ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Qué?

Anteriores viajes: Everest, Desierto de Nabonajmil, Angkor Vat, Nevada, Nuevo México y Helsinki.