Seguramente habéis visto a Los Martínez haciendo el ganso en vídeos de otros youtubers, y en mil mierdas, porque son graciosos, jóvenes e inquietos (bueno, quizá Alfonso no tan jóven ya, pero vaya, ya me entendéis). Esa mágica combinación. Ya os hablé una vez de ellos. Los Martínez, digo, Álex y Alfonso, presentan su nuevo espectáculo, Detectives Martínez. Un show que tuve la oportunidad de ver hace ya varios meses en una de sus primeras versiones en el Teatre Joventut de L’hospitalet.

Habiéndo visto lo anterior de Los Martínez, que era muy fresco y desenfadado (y quizá por ello a veces podía dar la sensación de poco pulido) me sorprendió comprobar como este Detectives Martínez (repito, en una versión muy primigenia) funcionaba como una muy engrasada máquina de comedia. Una función muy fresca y aparentemente anárquica, loca, como es su estilo, pero que transmitía en todo momento la seguridad de tener detrás un gran trabajo de preparación y ensayo. Vamos, que se lo habían currado mucho.

El gran triunfo de Detectives Martínez es, tal como yo lo veo, que una función en la que se ha invertido tanto mimo, ensayo y cuidado por el detalle no haya perdido esa sensación de frescura y ligereza del dúo. Y esa es precisamente la reconfortante sensación que experimenté tras verles: el triunfo de la ligereza. Los Martínez practican exactamente el humor que les sale de las narices, abusan de los chistes malos, se abonan a ellos, imitan mal, se disfrazan como niños que juegan con la ropa de sus padres y rompen la cuarta parez una y otra vez. Hacen el payaso sin control, como si no hubiera un mañana y no tienen ningún interés en renovar la comedia, en buscar sus límites o en experimentar otra cosa que no sea buscar la risa del público.

Y eso, en un momento en que toda la profesión perdemos el culo cuestionándonos a nosotros mismos y buscando nuestro espacio entre el humor, el post-humor, los límites, el youtube, la tele, el mainstream y las pollas en vinagre, resulta muy muy refrescante. Álex se afianza en su rol de listillo carablanca y Alfonso se hace fuerte en el Augusto ido de la olla, pero se intercabian los papeles, retozan y pasan de todo. Y la función hace lo mismo que ellos, parece que te lleva a algún sitio cuando en realidad le importan tres cojones. Solo se trata de la risa. Y parece que lo tienen cada vez más claro. Qué gusto.

Así que poco más os  diría, excepto que si tenéis oportunidad vayáis a verla, y os dejéis de hostias y a reir un buen rato. Colaboran unos cuantos amigos en la función, de una u otra manera. Y yo mismo les hago la voz en off. Os dejo la imágen que a mi entender  define con mayor claridad su concepción de la comedia.