Martes, 27 de diciembre. Disfruto por un día del no hacer nada, el “dolce far niente”, el placer prohibido de los inquietos y los afortunados. Reivindico hoy la importancia de los días tontos, entre fiestas, los días que “no son nada”, rodeados de fechas señaladas cargadas de significado y compromisos. Pero hoy, nada.

En otras palabras, el tocarse un poco los huevos. Qué bonito.

Y acompaño mis palabras de una foto sin interés ni intención. También, de nada. Una foto que también descansa hoy.

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