Desde hace unos meses, el barrio de Gracia de Barcelona ha sido bendecido con un nuevo supermercado Caprabo de grandes dimensiones, al que acudo regularmente, entre otras cosas porque venden latas de Guinness. El nuevo super tiene dos plantas, y en la superior me encontré con este enigmático mensaje en el ascensor:

EL ASCENSOR 1

«Bajada planta superior«. Hallándome como me hallaba en la planta superior, mi cerebro se cortocircuitó por un instante. ¿Cómo podría bajar a la planta superior, si estoy en ella? ¿No debería ser «Bajada planta inferior«? ¿O quizá simplemente «Bajada«? No obstante, en caso de usarse el ascensor para subir…quizá…no sé… Justo en ese momento perdí el conocimiento y caí redondo al suelo, haciendo estallar por accidente un tetra brick de leche. Mi cuerpo restó inerte sobre un charco blanco que se extendía en todas direcciones. Cuando volví del trance lo tuve claro, me había vuelto un imbécil.

Pero dejando aparte los laberínticos vericuetos que me guían en el particular sendero de mi auto conocimiento personal, he visto claro que, en general, la solución más sencilla acostumbra a ser la más deseable. Yo habría puesto simplemente «Ascensor«. En cualquier caso, siguen teniendo Guinness.

Por otra parte (me encanta decir esto), la experiencia me ha hecho recordar esta película:

EL ASCENSOR 2

«El Ascensor«, del director holandés Dick Maas, una entrañable pieza de terror del año 1985 que disfruté en mi más tierna adolescencia. La película (que muy bien no ha envejecido, para qué engañarnos), combinaba un delicioso costumbrismo rollo «Cuéntame qué pasó en Holanda durante los 80» con una curiosa trama de terror basada en un ascensor dotado de inteligencia homicida que se cargaba a la gente. El subtitulo que acompañaba al título era:

¡Por amor de Dios, sube por las escaleras!

Indefectiblemente, cada vez que leía este subtítulo no podía evitar pensar. «De acuerdo. Ya está«. Se acabó la película.

– Personaje 1: (histéricamente) El ascensor es un homicida. ¡No lo uses, por Dios! ¡Usa las escaleras!
– Personaje 2: (muy relajado) Ah, vale. Gracias. Hasta mañana.

Un poco a lo Candyman, el asesino de ultratumba al que había que convocar de forma insistente para que viniera del otro mundo a matarte.

– Personaje 1: (acojonantemente) Debes colocarte frente al espejo y repetir Candyman tres veces seguidas. Entonces él vendrá y te matará.
– Personaje 2: (muy relajado) Uy, no creo que me salga eso espontáneamente, ¿eh? Y tampoco me lo voy a currar yo para que me acuchillen.