Aquí lo podéis ver, en un parasol de cartón de un coche:

EL CONEJO AQUEL

Cómo aguanta el cabrón. Sigue remando y remando mientras el cartón en que vive se dobla y se resquebraja. Los colores de su hábitat se queman y difuminan pero él sigue ahí. Su pequeño mundo está sufriendo un apocalipsis, un invierno nuclear, un cambio climático, los últimos días de Pompeya, el día de mañana, soylent green, cuando el destino nos alcance. Y sigue ahí, remando. Pocos animales demuestran tal tesón, tanta energía, tanta obstinación. Un poco capullo también, pudiendo follar como un conejo dedicarse a remar. Aunque, claro, conociendo la velocidad típica de los de su especie y su energía, ya se debe haber relacionado en el sentido bíblico con todas sus congéneres. Y ahora, pues…le mola el deporte.