Cuando una novela te gusta tanto como me gustó a mí El mapa del tiempo, de Félix J. Palma, descubrir una segunda parte de la misma te llena de ilusión y temor a partes iguales. Iusión ante la espectativa de poder sumergirte de nuevo en el mismo universo, de escuchar la misma voz narrativa. Temor a que no te colme como lo hizo su predecesora, a no poder satisfacer el buen recuerdo de la novela, que como todos los recuerdos bonitos se hincha en el corazón como el papo de una rana en celo.

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La segunda parte de “La trilogía victoriana”, como la llama el autor, ha logrado incluso abrirse paso en la lista de “los más queridos” de mi memoria literaria reciente, hasta desbancar a su predecesora. Palma, y lo puedo asegurar ahora ya con convencimiento, después de leer estas dos novelas, tiene una sensibilidad que conecta en todos y cada uno de sus matices con la mía, toca una melodía con la que resueno como lector a cada frase. Los referentes a que remite la novela, los temas, las sensibilidades, el tono. Y una manera de narrar que me divierte y entretiene muchísimo, entre atildada y coloquial, siempre a medio camino entre lo solemne y lo trivial.

Ha sido un enorme placer volver a vivir otra aventura con sabor steampunk, viajeros temporales, escritores que se convierten en héroes, sueños que se hacen realidad, seres de otros planetas e historias de amor que quitan el aliento. Me lo he pasado tan bien que incluso le perdono la utilización del Deus ex Machina más literal que he leído nunca. Gracias por el viaje, Félix J. Palma, otra vez. Espero con ánsia el final de la trilogía.

Mientras ésta llegue, calmaré mi necesidad de Palma hincándole el diente a su volumen de relatos cortos “El menor espectáculo del mundo“.

Tomad nota para Sant Jordi, vale la pena.

P.D.: Y no se olviden del gran éxito editorial, Padre, el último mono, la guía humorística definitiva para padres primerizos, segunda edición en marcha (no se lo esperában, ¿eh, amigos? Al final…Patapám, autopromo en toa la boca).