En un plató de televisión al que acudo regularmente (permitidme que sea moroso en cuanto a los detalles pero no quiero revelaros cuál es para no comprometerles), existe un micrófono de mano que cierto presentador (entended que no pueda señalar su identidad por respeto) utiliza para dedicar unas palabras a su público antes de comenzar el programa. Está fijado a una pared con una práctica a la par que elegante abrazadera de cuero:

EL MICRO 1

Como seguramente ya habréis advertido, el equipo técnico del recinto ha dibujado alrededor del micro su silueta. Se trata de una práctica bastante común, propia de operarios ordenados y frecuentemente llevada al extremo por los amantes del bricolage y el orden, en esos enormes plafones llenos de y siluetas que parecen una escena de La matanza del Día de San Valentin de la caja de herramientas, y que seguramente habréis visto en casa de vuestro tío, cuñado o padre. Bien, el aspecto de la pared al retirar el micro es éste:

EL MICRO 2

A pocos se os habrá escapado ya a estas alturas la resolución del sainete. La siguiente foto está tomada desde más abajo.

EL MICRO 3

Sí, amigos. Alguien no pudo resistirse a la tentación. Los huevos están ahí. Hay que ir a buscarlos, porque el micro está situado algo más bajo de la altura de los ojos, pero si te agachas un poco y te fijas, los puedes ver. Intentaré hallar entre el equipo técnico al autor de tan sibilina y sutil broma para estrecharlo entre mis brazos.