Hace unos días llegó a mi correo una misteriosa foto. Quien me la envió aseguraba que podría ser el mítico Antonín Fajardo, de quien ya os hablé hace una vez y también otra vez, si no recuerdo mal. Juzgad vosotros mismos:

¿FAJARDO? ¿ES USTED?

Claro, es difícil saber si era él, no habiendo visto su rostro antes ¿verdad? Como sea, la leyenda sobre Fajardo no cesa. Que si se le ha visto en las islas Barbados, que si un amigo de un primo de no sé quien me ha dicho que lo había visto subirse en un taxi, que si… Que sí. Es el nuevo Elvis. Vive en nuestra memoria y fantaseamos con que sigue entre nosotros. Pero desengañémonos. Fajardo murió en el año 2004 a consecuencia, precisamente de una de sus críticas.

Apenas se conservan fotos de este maestro de la crítica periodística. De las descripciones orales y escritas que se conservan, se desprende que Antonín Fajardo lucía una generosa barba, pero podría haberse afeitado si sobrevivió al «accidente» que le quitó la vida. Así le describió en su momento el director del diario El Escrutador, en que trabajaba:

«Vestido, como comprobaría que era habitual en él, con un desprecio hacia la moda que rayaba en la psicopatía: abrigo oscuro y largo, camisa de rayas, pantalones de chandal fúcsia, con cinturón y sandalias.«

Si lo veis, frotaos los ojos. Podría ser un espejismo. O no. ¿Quien sabe?