Estoy en la cola del súper. El chico que me precede vacía su cesto en la cinta corredera y la cajera la activa mediante el pedal. Pim pam, pasa todas las etiquetas por el escáner hasta que coge un aguacate. Lo mira, le da la vuelta. No lleva bolsa ni etiqueta. El cliente no lo ha pesado. En ese súper la fruta y la verdura te la tienes que meter en la bolsa y pesar tu mismo, introduciendo el código del producto en una báscula que te escupe una pegatina con el precio. La cajera se dirige al cliente, mostrándole el aguacate:

– ¿No está pesado?

– A lo mejor un poco, pero es que los otros que había en la caja estaban duros como piedras.