Teatro Compac Gran Vía, Madrid. Del 22 de diciembre de 2014 al 5 de enero de 2015. 950 localidades. Cada función por encima de las 900. Tres días con el cartel de “no hay localidades” colgado. Siento pudor al decirlo, pero tengo la necesidad de expresar mi gratitud. De verdad que no quiero acostumbrame a lo bueno. Uno no quiere olvidar los años en que no venía la gente, los días en que llegó a haber más personas encima del escenario que sentadas en las butacas.

Uno no quiere olvidarlos, pero sin embargo se van difuminando en el recuerdo, poco a poco, cuando uno tiene la suerte de experimentar tanto calor. Y tan contínuo. Y os puedo asegurar que cada día, al entrar en el teatro, dediqué unos segundos a saborear el momento. Respiré hondo antes de cada función intentando fotografiar la sensación. Para que cuando un día vuelva el frío este recuerdo sí esté definido.

Cuando salgo del teatro y me voy a casa, algunas personas me esperan y me cuentan cómo han disfrutado y cómo han desconectado de sus problemas. Y me lo agradecen. Yo devuelvo el cumplido, pero me callo que esto es algo puramente egoísta: esto es para mí, es mi regalo. No hay en el mundo nada más curativo, más satisfactorio y más mágico que poder dirigir una orquesta de carcajadas. Cada una de esas risas es mía, me la guardo para siempre. Todo eso es lo que me llevaré yo cuando me muera.

Han sido unas bonitas navidades en Madrid. Ojalá pueda repetir la experiencia. Antes de escribir este post repasaba el del año anterior, en el Coliseum de Barcelona. Ya casi ni siquiera recordaba cómo había ido. Me emociona y sorprende releerlo. Podría cambiar las fechas y los lugares y firmarlo como el post del presente año.

Soy muy pudoroso con lo de mostrar mis sentimientos y decir lo que realmente pienso y siento. Me siento mucho más protegido y cómodo ironizando, mintiendo y haciendo bromas sobre todo. Muchas veces pido a familiares y amigos que me disparen en las rodillas si algún día me pongo serio y/o intenso. Sé que me estoy arriesgando a un balazo pero me sentía obligado a dejar constancia el blog, para que, por lo menos yo, no me olvide nunca de esto que me está pasando. Gracias una y otra vez. Casi diez mil veces.