Ocurrió antes de ayer. Comenzó como una leve molestia, una apenas perceptible irregularidad en la pared interior izquierda de la boca. Acaso una minúscula herida que hubiese levantado un pequeño fragmento de piel. Nada de que preocuparse. Sin embargo, horas más tarde era ya una punta de alfiler, y un pequeño cono puntiagudo después. Imposible no excitarlo compulsivamente con la punta de la lengua. Cuando me quise dar cuenta, mi boca se encontraba ya bajo

el imperio de la llaga.

LA LLAGA

Equipado con semejante glande junto a los dientes y sentado a la mesa para cenar no podía sino imaginar, entre estremecimientos, el momento en que trincharía con mis propios dientes la carnosa protuberancia. Sin embargo, al acabar la cena, y sin yo haber notado nada, la llaga hubo desaparecido prácticamente. El lugar que antes ocupaba era ahora tan solo una zona de piel algo irregular, con cierto sabor metálico. No quería pensarlo, pero por lógica debía haber rebentado en algún momento, estando yo entretenido en comer y su contenido habría pasado a formar parte del menú. Nada grave, por otra parte. Después de vivir durante años en pisos de estudiantes alimentándome de auténtica mierda no iba a poner ahora el grito en el cielo por tragarme mi propia purulencia. Lo único que me importaba es que me hallaba, por fin, libre de

la llaga.

Algo ha ocurrido esta tarde. Ha comenzado como una leve molestia, una apenas perceptible irregularidad en la pared interior izquierda de la boca.