Ocurrió el verano pasado. Estaban en un escaparate de una tienda de ropa. Una familia completa de maniquíes. Papá maniquí, mamá maniquí, y los pequeños maniquito y maniquita:

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Papá y mamá se mantienen impertérritos. La niña sonríe, pero…oh, cielos. ¿Qué demonios está viendo el pequeño maniquito?

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Algo que escapa a nuestra mirada humana. Un terror sólo aprehensible para la mirada muerta de una representación antropomorfica de nosotros mismos. Sí, amigos, esa fake-family está vendiéndonos bañadores. Pero ese niño nos vende algo más. Un desasosiego sordo y mudo, una inquietud de plástico y ojos vacíos.

Seguid con vuestras vidas, pero no olvidéis jamás que el pequeño maniquí está pendiente de algo muy gordo que se acerca en lontananza. Sólo él lo sabe, y por desgracia nunca podrá contárnoslo.