Público – Persona, animal o cosa (05/07/09)

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El 17 de mayo pasado publiqué en este mismo diario una columna sobre Michael Jackson y sus supuestos problemas para afrontar la gira de verano que venía preparando. Problemas que han sido ya solventados. Porque morirse, al fin y al cabo, no deja de ser una tajante solución a cualquier problema. Yo mismo, por ejemplo, me estaba decidiendo sobre si viajar a Londres para verle actuar o no. Y, claro, va a ser que no.

Cito textualmente lo que escribí: “temo perder la oportunidad de ver a Jackson en directo. Pienso que de un día para otro podría estallar, licuarse, desmembrarse, partírsele la cadera, derretírsele el rostro, volverse del revés como un calcetín o convertirse en un puñado de cenizas al entrar en contacto con la luz solar y quedar desparramado por el viento en una avenida de Los Ángeles”. Al final ha sido un paro cardíaco, dicen. Lo que viene siendo la muerte de todo el mundo, porque, normalmente, te pase lo que te pase, acaba siendo un paro cardíaco lo que te pone el sello de “material de jardinería”.