Mi amigo Ozan Sezen (exacto, se pronuncia tal y como lo acabas de hacer. De puta madre. Oye, de verdad, me ha sorprendido mogollón) me llamó este sábado por teléfono. Cumplimos años el mismo día. Me contó que esa noche había organizado una cena en su casa. Un combinado de amigos suyos y de su mujer. Resulta que el azar sentó esa noche en la misma mesa a un militar norteamericano que estuvo en Afganistán y a un ciudadano pakistaní al que sus conocidos llaman “el radical”. Me permití darle un consejo: nada de alcohol. Precisamente – contesto él – uno de ellos iba a llevar una botella de whisky mientras que el otro había pedido que no se sirviera alcohol por respeto a sus creencias religiosas.

Me siento aliviado por no tener prácticamente ninguna vida social. Tendría que llamar a Ozy para saber cómo fue, pero me da miedo.

Éste sábado cumplí treinta y tres años. Gracias. Es usted muy amable. Después de “La Apoteosis Necia” en el Teatreneu fui obsequiado por mis compañeros de compañía con una tarta y…una réplica de la espada láser de Darth Vader. Mis cojones aún están rodando calle abajo.

ESPADA LÁSER

Puedo asegurar que es el mejor regalo de mi vida y el peor de la de mi encantadora esposa.

P.D.: Atención al acolchado de la puerta a mi espalda. No tiene nombre.

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Este concesionario de motos Honda está en Barcelona. No recuerdo bien la calle; creo que era Balmes, por arriba. La cuestión es que me quedé clavado enfrente de su escaparate partiéndome el ojete durante un buen rato. Nadie más en la calle se reía conmigo, e incluso el propietario, desde dentro, me miró raro. ¿La razón de mis carcajadas? Como casi siempre en esto del humor, la clave de las risas reside en compartir el contexto. Bien, si os apetece compartir algo de contexto conmigo, os invito a escuchar la siguiente entrevista. Pertenece a uno de los programas de radio de El Cansancio (que lo digo así como si no tuviera nada que ver con ellos), Cuarto Menguante, de su edición número 25. Es una entrevista a M. Night Shyamalan, el director de “El sexto sentido”, entre otras grandes películas de final sorprendente.

[audio:http://www.bertoromero.com/wp-content/uploads/audios/audio_post_17_m_night_shyamalan.mp3]

Pues iba yo con esto en la cabeza cuando me topé con el concesionario en cuestión.

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Este trabajo me está poniendo la cabeza loca.

Frecuentemente nos vemos envueltos en largas discusiones de las que nos cuesta salir airosos. Ya sea porque no tenemos razón, porque nuestra capacidad dialéctica es más pobre que la densidad del pelo de Paquirrín, o porque simplemente nos hemos cansado de la charla. El caso es que hay momentos en que necesitamos urgentemente acabar con una discusión. ¿Cómo hacerlo? Existe un método infalible y os lo voy a contar a continuación. No es elegante, pero sí efectivo. Vamos allá. La fórmula es la siguiente.

Fórmula: Repite la última frase que tu interlocutor haya pronunciado y añade a continuación, vehementemente: “¡mis cojones!” .

Vamos con algunos ejemplos.

Ejemplo 1:

Estamos discutiendo sobre macro-economía. Nuestro interlocutor intenta tomar las riendas de la conversación con la siguiente frase:

Interlocutor: “El mayor problema al que se enfrentan los países en vías de desarrollo son las multinacionales”.

Adelante, contesta:

Tú: “Las multinacionales ¡mis cojones!”

Fin de la discusión.

Ejemplo 2:

Discusión sobre cine.

Interlocutor: “Pues yo paso de cine comercial. Yo estoy al loro de las novedades de Sundance”
Tú: “Sundance, ¡mis cojones!”

Ejemplo 3:

Incluso se puede abortar cualquier discusión antes de que comience:

Interlocutor: “Oye, eso del cambio climático…”
Tú: “El cambio climático, ¡mis cojones!”

Ya lo tienes.
De nada.

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