Hoy es un buen día para contradecir alguna idea preconcebida:

George Benson interpretando “Lately”, de Stevie Wonder.

Cuando alguien se refiere a mí como “un famoso” algo se me revuelve por dentro, noto como se remueve en el puzzle que soy una pieza fuera de lugar. En general, me entristece que se haya convertido en un rasgo definitorio, en una definición “per se”, lo que no es sino un efecto derivado de determinados oficios. Cierto es que para muchos convertirse en “famoso” es una causa en sí misma, y que existen métodos para llegar a ello sin pasar por una actividad concreta. Pero para los que disfrutamos haciendo nuestro trabajo, muy frecuentemente ser “famoso” no es más que un efecto, y muy a menudo no deseado. Ser “famoso”, o incluso “persona pública” (uno de los apelativos inventados más vacíos de significado que he oído jamás) son trajes vacíos, carcasas huecas que esconden y uniformizan a las personas que hay debajo. Si se hace el esfuerzo de pensar a qué se dedica quien se esconde detrás de una palabra comodín como ésta nos podemos llevar muchas sorpresas. Propongo el juego.

Para acabar, siempre que pienso en este tema me viene a la cabeza un verso de la canción (qué digo canción, himno!) de los Violadores del Verso, “Marrones, Morenas, Coronas”: El rap es la esencia. La fama una consecuencia. Como siempre, ellos lo ven claro todo, y lo dicen por su nombre. Una buena ocasión para vcolver a escuchar el temazo en cuestión.

Pep Bras es un guionista de esos con solera. No quiero citar su currículum porque no hay espacio suficiente en el blog. Seria como imprimir internet, un proyecto atractivo pero imposible.

Ha escrito una novela, La vida en 7 minutos. Todo el mundo me habla bien de ella pero aún no he podido leerla.

De momento, hasta que no lo haga, diré de ella: ¡Hay que leerla! Frase que puede entenderse como recomendación y como propósito. A por ella.

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Paseando por el barrio me encontré con este cartel en una panadería, promocionando la venta de cocas de Sant Joan, para la verbena del sábado:

“Aquest any les coques de qualitat”. “Este año las cocas de calidad”. Me vino a la cabeza la idea de que no se tratara de un anuncio al uso, sino de una respuesta a un hipotético incidente con unas cocas muy malas que se sirvieran el año anterior. Algo así como “eh, amigos, este año están bien. Olviden la mierda que comieron hace un año. Esta vez serán de calidad”. Nada más por hoy, una tontería liviana para afrontar el día.

Tengan mucho cuidado ahí fuera. Y desconfíen de la gente con traje y corbata.