Sé que lo que voy a decir es raro, impopular y puede ser interpretado de muchas maneras, desde el onanismo salvaje a la locura, pasando por el egocentrismo, pero me ocurre. Me pongo un poco.

20120421-131811.jpg Que no cunda el pánico. Cese la lapidación. Un poco muy poco, sí. Pero reconozco en mi travestismo a una mujer fea y hombruna, a la que sin embargo no puedo evitar encontrarle un punto. Un puntito, algo marranete del rollo “a las 5 de la mañana con cuatro copas”. La amiga fea a la que en un momento dado catacrocker. Mira, qué quieres que te diga.

Mi amigo Olivier me manda una foto del pasado, de un pasado ridículo. Aquí está:

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Soy más jóven y llevo una perilla de esas tipo mosca que aún me hacían parecer más estúpido, como un mago atontado. Esta foto se tomó después del “incidente del estornudo”, que os paso a relatar.

Yo trabajaba por aquel entonces en una oficina, frente a un ordenador, que en aquellos años era de pantalla gorda, de culo, un buen mazacote de plástico duro. A primera hora de la tarde me asaltó un estornudo tipo Defcon 2. Atchís. Y el movimiento espasmódico atrás-adelante me lanzó hacia el canto del monitor del ordenador. Brecha en la frente, sangre por doquier y visita rápida al médico de la mútua del trabajo. Un punto de sutura.

Mis compañeros de oficina por aquel entonces no dieron crédito a lo que acababan de presenciar: la epopeya de un hombre tan imbécil que era capaz de abrirse la cabeza él solito con un simple acto fisiológico normal y corriente. Al cabo de unos días me regalaron esta foto enmarcada con la inscripción “you made it happen” (tú lo hiciste posible).

Algo para rercordar. Entre aquellas personas estaba la que sería mi futura mujer. Ella quiso mantener una relación conmigo aún habiéndo visto aquello esa tarde. Ahí supe que era una persona excepcional, muy generosa, y con un muy peculiar gusto para los hombres.

Después de años escuchando de la boca de Andreu Buenafuente toda clase de chanzas sobre mi nariz, el pasado viernes pude hacer realidad un viejo sueño. Estábamos en maquillaje, haciéndo las pruebas para la paródia de “Los Bogbones”, y a Andreu le colocaron una prótesis nasal que convertía su convencional nariz en una prominente porra. Le saqué una foto y aquí os la ofrezco, en comparativa con el perfil de un mono narigudo de Borneo.

20120421-102034.jpg Aunque solo fuera por un rato… ¡Chúpate esa! ¡Bienvenido a mi mundo!

Cuando una novela te gusta tanto como me gustó a mí El mapa del tiempo, de Félix J. Palma, descubrir una segunda parte de la misma te llena de ilusión y temor a partes iguales. Iusión ante la espectativa de poder sumergirte de nuevo en el mismo universo, de escuchar la misma voz narrativa. Temor a que no te colme como lo hizo su predecesora, a no poder satisfacer el buen recuerdo de la novela, que como todos los recuerdos bonitos se hincha en el corazón como el papo de una rana en celo.

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La segunda parte de “La trilogía victoriana”, como la llama el autor, ha logrado incluso abrirse paso en la lista de “los más queridos” de mi memoria literaria reciente, hasta desbancar a su predecesora. Palma, y lo puedo asegurar ahora ya con convencimiento, después de leer estas dos novelas, tiene una sensibilidad que conecta en todos y cada uno de sus matices con la mía, toca una melodía con la que resueno como lector a cada frase. Los referentes a que remite la novela, los temas, las sensibilidades, el tono. Y una manera de narrar que me divierte y entretiene muchísimo, entre atildada y coloquial, siempre a medio camino entre lo solemne y lo trivial.

Ha sido un enorme placer volver a vivir otra aventura con sabor steampunk, viajeros temporales, escritores que se convierten en héroes, sueños que se hacen realidad, seres de otros planetas e historias de amor que quitan el aliento. Me lo he pasado tan bien que incluso le perdono la utilización del Deus ex Machina más literal que he leído nunca. Gracias por el viaje, Félix J. Palma, otra vez. Espero con ánsia el final de la trilogía.

Mientras ésta llegue, calmaré mi necesidad de Palma hincándole el diente a su volumen de relatos cortos “El menor espectáculo del mundo“.

Tomad nota para Sant Jordi, vale la pena.

P.D.: Y no se olviden del gran éxito editorial, Padre, el último mono, la guía humorística definitiva para padres primerizos, segunda edición en marcha (no se lo esperában, ¿eh, amigos? Al final…Patapám, autopromo en toa la boca).

Amigos/as, Planeta lanza la segunda edición de “Padre, el último mono”, debido a su buena acogida. Gracias. Seguimos propagando la palabra de la paternidad primeriza. Sant Jordi is coming.

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