Por fin un medicamento efectivo contra la adicción a la heroína.

Público – Persona, animal o cosa (22/10/11)

Lo peor que puede pasar en una relación, del tipo que sea, es que una de las partes le pierda el respeto a la otra. En un trabajo, en la pareja o entre amigos, la pérdida del respeto es la antesala de alguna desgracia. Yo recuerdo habérselo perdido a las agencias de calificación internacionales cuando supe que, en 2008, en plena crisis financiera, se habían estado dedicando a conceder sus famosas letras (de la triple A a la triple C) sin responder a criterios realistas (éticos ya sería pedir demasiado). Se ocuparon de favorecer sus propios intereses y los de los especuladores de los entramados subprimes. Solo dos días antes de que Lehman Brothers quebrara y fuera intervenida,  Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch le estaban dando aes mayúsculas a tutiplén.

Continuar leyendo la columna

Los cómicos y demás faranduleros luchamos frecuentemente con una imágen que no nos corresponde. Mucha gente nos imagina durmiendo en pensiones hediondas, o cambiándonos de ropa en camerinos cochambrosos. Nada más lejos de la realidad. En la actualidad los actores de teatro somos una suerte de afortunados semidioses que vivimos una dulce existencia entre algodones, lujo y toda clase de caros vicios.

A modo de ejemplo, os enseño un cartel que encontré en las instalaciones del teatro Núria Espert de Sant Andreu de la Barca:

Obsevad atentamente cómo, en la primera línea se prohibe subir al escenario a los «cataores»

Pocas profesiones cuentan con el privilegio de tener unos esclavos encargados de probar la comida antes para evitar envenenamientos. Cosa que, dicho sea de paso, es bastante frecuente teniendo en cuenta los cáterings que se manejan en este oficio.

Público – Persona, animal o cosa (15/10/11)

Los asesores de Rubalcaba y Rajoy se afanan en cambiar los looks de sus respectivos candidatos. Hablan de perfilar más las barbas, dejar un poco más largos o cortos los pelos, o incluso se plantean la posibilidad de colocar fundas en algunos dientes. Se ha sabido que Rubalcaba se corta el pelo en una peluquería de caballeros cercana a la sede de Ferraz y que Rajoy, que ha adelgazado algunos kilos para esta próxima contienda, está recibiendo a un peluquero una vez por semana para controlar la medida de su peinado. En el caso de Rubalcaba, los asesores no consiguieron que se pusiera unos pantalones vaqueros de corte más moderno. Él prefiere seguir con los que le gustan. Y como ya sabrán, el fondo de los mítines socialistas ha mutado a azul. Perdón, gris.

Continuar leyendo la columna