Una broma privada. Mi amigos Xavi y Melanie me han traído un recuerdo de su viaje a Egipto. Se trata de un camello (una reproducción, mis amigos saben que no acepto grandes rumiantes vivos como regalo) que cuando es presionado en el estómago reproduce una canción. Ni idea de lo que dice, está en árabe, una lengua desconocida para mí . Lo que sí sé es que está repetida tres veces y acelerada. Regalos que hacen risa, los mejores.

Público – Persona, animal o cosa (15/01/11)

Fumar es un placer genial, sensual. Fumando espera al hombre que ella quiere. Sara Montiel se casca un puro en sus años jamones. Todos los varones quieren participar de esa venérea metáfora. Poseer el negro falo que todos chupan y cuya punta es una incandescente brasa humeante. Humphrey Bogart alivia sus penas junto al pianista: Sam, toca “el tiempo pasará” para mí, mientras me enchufo otro cilindro. Por ella, por nosotros, por Paris y por lo que haga falta. Los cowboys los tienen cuadrados, matan indios y doblegan la voluntad de las bestias. Por eso fuman. ¿Una última voluntad? Un pitillo, por favor. Y díganle a Mary Jane que la quiero. Ha sido el mejor polvo de mi vida. Nada como un cigarrillo en la cama para celebrarlo. Pruébalo hijo, hoy no pasa nada, estamos en una boda. No te tragues el humo ahora. Más tarde, cuando seas mayor.

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Desde el verano que quiero recomendar este libro en el blog. Retratos y encuentros, de Gay Talese (Alfaguara). Una recopilación de las mejores crónicas periodísticas de este escritor, considerado, junto con Tom Wolfe, uno de los padres del «nuevo periodismo». Aunque la etiqueta se ha quedado vieja, este periodismo de los setenta ya no es nuevo. Lo que sí es, cada vez más, es difícil de encontrar. Reportajes exquisitamente escritos, asombrosamente bien documentados y brutalmente interesantes. Llegué al libro con la nariz algo arrugada (en mi caso tarea harto compleja) pero me conquistó a la tercera página. Un placer de los gordos leer este libro, alta literatura, un grande. Como todo el mundo que lo ha leído, señalo especialmente el impresionante retrato de La Voz en «Frank sinatra está resfriado», pero no hay en la recopilación uno sólo que no se disfrute. El que relata su infancia en la sastrería de su padre, pura miel.

Público – Persona, animal o cosa (09/01/11)

Estoy en la panadería, comprándome un cuasán, cuando la dependienta, que anda mirándome con curiosidad de entomólogo desde que he entrado, acaba de decodificar por fin mi cara y me suelta, “oye, ¿tú no salías con Buenafuente? ¿Cómo te llamabas? recuérdame tu nombre”. Y yo: Berto. “Eso era, Berto. Ya hace tiempo que no sales, ¿verdad?”. “No, no, continuo allí cada noche”, respondo. La dependienta arruga el morro, el dato no le cuadra. Breve silencio incómodo. De golpe, siento una especie de iluminación y entiendo lo que ocurre. “¿Hace mucho que no ves el programa?” pregunto. “Pues sí, tienes razón. Hace mucho que no lo veo”, admite. Me voy de la panadería saboreando un cruasán metafísico. Para esa telespectadora en concreto he dejado mi trabajo. No existo. Porque ella no me ve.

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