“Un momento, me interesa mucho ese número”. Siempre recuerdo esta frase, pronunciada por mi amigo Rafel Barceló durante una noche en un bar-espectáculo de ambiente, en Chueca.

Estábamos allí, tomando una cervecita entre amigos, disfrutando de los diferentes shows que allí se daban, cuando uno de los performancers subió al escenario desnudo, armado con un pañuelito de seda que le cubría los genitales. Sí, amigos, se trataba de ese número tan vistoso consistente en golpear con el pene fláccido (aunque algo morcillón) el pañuelo de seda. Queda realmente muy gracioso. Mi amigo Rafel, que miraba hacia otro lado, al darse cuenta de la inminencia del espectáculo del pañuelo se ausentó de la conversación y se excusó: “un momento, me interesa mucho ese número”

Cada gran artista tiene un número especial. Hoy os presento tres números de tres grandes artistas y amigos míos. El primero, del citado Rafel Barceló. Se trata de una de las más realistas aunque desproporcionadas personificaciones de Batman que he visto jamás:

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Continuamos con Iván Rodríguez “Lagarto”, guitarrista y amigo, miembro de El Cansancio y mi habitual compañero de aventuras en el teatro. Su número se llama “el taburete que te mete el dedo en el culo”. Si bien su título es un tanto obvio, siempre le funciona y consigue abundantes risas, sorpresas y mucha diversión.

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Y para acabar, Oriol Jara, compañero subdirector de “Buenafuente”, guionista y creador multidisciplinar, con su número estrella “un ojo en mi bragueta”.

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¡Ah, el arte y los artistas! ¡Menuda pandilla de benditos anormales”

Público – Persona, animal o cosa (24/10/10)

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En 1952, mi tío Antonio, hoy ya fallecido, se hizo fotografiar durante el transcurso de una operación de apéndice. Encontré el extraño retrato en una caja de zapatos que guarda los tesoros icónicos de mi historia familiar. Una rareza impresa en blanco y negro sobre papel de marco blanco recortado en ondas. Ajada, con las esquinas descompuestas y un desgarrón transversal amenazando su integridad, parece un fotograma de una vieja película de la Hammer.

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Hoy, revisando fotos del verano, he encontrado este simpático monumento, que me pareció digno de una reflexión cuando lo vi:

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Una agradable pareja paseando. En su placa se leía:

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«Spomenik turistu», el «Monumento al turista». Se exhibe en el pueblo costero de Makarska, en la costa de Croacia. Con él, se rinde homenaje a los visitantes que durante toda la historia de esta localidad, la han llenado de vida, alegría y, por qué no decirlo, ingresos económicos. Pero, por favor, veamos el monumento más al detalle:

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El manoseo continuado durante años ha desgastado el metal de la estatua justo en el pecho de la turista. Queridos habitantes de Makarska, ¿quieren mandarnos algún mensaje a los turistas con esto? Algo tipo: «agradecemos vuestra visita a nuestro pueblo, pero que sepáis que a las hembras les sobaremos las mamas a más no poder».

Sin embargo, hay otra posibilidad. El pecho no está desgastado, sino que conserva su color original, y el resto de las estatuas están sucias de tanto toqueteo, respetando el pecho. En ese caso, no tengo ni idea de qué mensaje nos están enviando a los turistas. Es muy raro.

El otro día publiqué AQUÍ una foto explicando mis lesiones. En ella, vestía una camiseta de Nocilla que me habían enviado al programa los señores que hacen esta crema de cacao, avellanas, etcétera. Hoy he recibido en los estudios donde grabamos el programa un casco de la misma marca.

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Les agradezco el gesto. Sé que no es por publicitarse y que desde que saben que me hice daño añaden lágrimas de preocupación a su producto. La próxima vez que me haga daño me exhibiré con una camiseta de Ferrari. Ya lo dejo dicho.