Esta mañana, al salir de las oficinas de El Terrat unos niños de la escuela de enfrente me han pedido con ansia y desasosiego que les devolviera una pelota que se les había caído a la calle. Al hacerlo me han dicho “gracias señor”. Y me he ido para casa con una sensación rara. ¿Soy un señor? ¿no, verdad?

P.D.: Una de las cosas bonitas de la sede de El Terrat es que cuando vas por la mañana te recibe el ruido de niños jugando.