Público – Persona, animal o cosa (04/06/11)

Subo al taxi murmurando un buenas noches. La voz del taxista, sin girar la cabeza, me contesta en tono cariñoso “claro, mami”. “¿Perdón?”, respondo. El conductor gira levemente su cuello y señala su oído, con sonrisa pícara. Entiendo que no me ha escuchado y repito “buenas noches”. Y él: “eso es lo que me enamoró de usted, mami”. Esto último ya no puedo (ni quiero) interpretarlo y alzo la voz: “¿perdone, qué me ha dicho?”. El taxista gira más la cabeza y vuelve a señalarse la oreja. Ahora puedo distinguir semienterrado en ella uno de esos auriculares minúsculos: está hablando por teléfono. Leo en su expresión un atisbo de desagrado, un “no moleste, estoy en algo importante”, que me hace sentir maleducado. Y enfilamos el pedregoso camino hacia la más cruda incomodidad. Estoy a punto de recibir una descarga de almíbar e indiscreción que me convertirá en un condensador cósmico de vergüenza ajena.

Continuar leyendo la columna