Hace unos días, unos seguidores del programa que habían venido de público nos obsequiaron con sendas reproducciones de Andreu Buenafuente y yo mismo hechas con naranjas. Mi naranja tenía una especie de protuberancia parecida que usaron de nariz. Llevaban sus gafas, pelo pegado. Un auténtico primor.

Pocos días después, y permaneciendo aún la naranja que representaba a Andreu en perfecto estado, comprobé con horror como la mía se estaba pudriendo.

Sin querer extraer conclusión alguna del fenómeno, me vi obligado a tirar mi representación a la basura.