Observen a esta persona:

TRADICIONES

Cortó un pepino para la ensalada y se colocó la punta en la cabeza, mientras cocinaba y mientras comía (en el interior de un domicilio, no en un restaurante, se entiende. De hecho, creo que ya quedaba claro. En un restaurante no acostumbras a cocinar tú mismo. Vaya, me estoy liando. Disculpad por este paréntesis. Olvidadlo. Sigo). Alegó para llevar a cabo esta peculiar acción que se trataba de una tradición familiar, que ya lo hacían de este modo sus antepasados.

Porque, en efecto, las tradiciones son esos comportamientos tan curiosos que se llevan a cabo básicamente porque alguien antes que tú ya lo hacía. Creo que en pleno año 2008 es momento de iniciar nuevas tradiciones, acordes con los nuevos tiempos. Sólo es necesario que alguno de nosotros lo haga y les diga a sus descendientes que lo repita porque es una tradición. Propongo tres, para empezar:

– Llevar una zanahoria metida en el ojete a partir de los 12 años, día y noche (cambiándola regularmente, obviamente), porque como todo el mundo sabe la zanahoria es buena para la vista y ese ojo es desgraciadamente ciego.

– Apagar las velas de las tartas de aniversario con vómito (ésta no tiene un porqué, seria una tradición ancestral cuyo significado se perdería en la noche de los tiempos, aunque se puede buscar una explicación, si quieres. Tú mismo. Por cierto, el vómito echarlo en el momento, nunca guardarlo a tal efecto, aunque sea en el refrigerador).

– Cuando el camarero del restaurante te dé a probar el vino haz un poquito de gárgaras con él. Así se acaba de airear.