Venga Monjas son esa preciosa rareza del humor, esa llaga en la boca que no puedes dejar de tocar con la lengua, ese accidente en la cuneta de la carretera al que no puedes dejar de mirar. Durante años han ido llenando la red de una mierda extrañísima y singular, un néctar destilado de ideas enfermizas y aberrantes. Y este mes de diciembre, como si celebraran un particular fin del mundo que no ha de llegar, los David Lynch de nuestro humor se ponen en las manos de dos jóvenes y talentosos realizadores y nos sorprenden de nuevo con dos piezas muy maduras, muy perturbadoras, profundas y extrañas. No sé si se les puede llamar humorísticas. Son algo distinto. Son dos reflexiones sobre el oficio del cómico, agrias y descarnadas.

El primero es este cortometraje del cineasta Carlos Vermut. Un puñetazo en el estómago. El frío te cala en los huesos. Don Pepe Popi.

En el segundo, escrito y dirigido por Marc Crehuet, los Venga Monjas ponen en cuestión su universo creativo y la comedia en sí misma. Una especie de 8 ½ vengamonjiano.

Vaya llufa nos han colocado en la espalda el Xavi y el Esteban. Vaya broma.